Carlotta, bella e dolce!

Carlotta lo tiene claro, y cada vez que le preguntan si prefiere el campo o la ciudad ella responde rápidamente y sin dudarlo un segundo, que prefiere el campo. Pocas veces visitó la ciudad, pero cuando ha ido no le ha convencido lo que ha visto, coches, humo, gente, estrés, ruido, luces, suciedad, motos, semáforos, edificios, etc. Nada que ver con su adorada campiña, donde los únicos coches que circulan van tirados de mulas, el humo que conoce Carlotta es el del tren que ve pasar a lo lejos desde lo alto de la colina, la palabra estrés la desconocía. Los cacareos de las gallinas o el canto del gallo son de los pocos ruidos que se oyen en la campiña, la suciedad la provocan los marranos que viven en la granja de al lado, las motos son sustituidas por bicicletas y los semáforos por una luna resplandeciente que cada noche brilla en un cielo negro azabache junto a un sinfín de estrellas. Su casa es grande y en ella viven sus padres, su abuela y sus hermanas,  cada mañana al despertar la casa huele a café y a mermelada de fresas, con ansia espera  la llegada del mediodía, momento en el que su casa se convierte en un festín de risas y aromas. Jazmines, rosas y azucenas adornan su casa y perfuman su existencia. Carlotta es feliz.

  

 

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